viernes, 31 de octubre de 2014

El dolor duele


Por aterrador que puede ser, el dolor te hará más fuerte. Si te permites sentirlo, aceptarlo, te hará más fuerte de lo que jamás hayas imaginado. Ese es su mayor obsequio, soportar el dolor sin doblegarnos. De ahí emana nuestra cualidad más humana, la esperanza.  Carlos Francisco Xavier

Hace poco, viendo una película, escuché la cita anterior, y me dejó pensando…[1]

Como terapeuta, mi trabajo incluye acompañar a mis clientes en su dolor. Más aún, seguido les invito a sentirlo plenamente.  No sólo por encimita sino en toda su intensidad.  Les sugiero dejarse sentir DOLOR.  Para muchos eso es una locura, "¿sentir mi dolor?" preguntan, "¿para qué?"

Buena pregunta.  ¿Que no sería mejor tratar de evitar sentirlo a toda costa?  La respuesta es un rotundo no. Evitar sentir nuestro dolor sencillamente nos aleja de la vida.

"La vida es sufrimiento" dijo el Buda hace más de 2500 años.  Muy cierto, y sin embargo, vivimos en una sociedad que le tiene pánico al dolor.  La demanda de analgésicos y demás medicamentos para aminorar el dolor físico, así como el consumo de  antidepresivos y antiansiolíticos para reducir el dolor psicológico aumenta año con año. Aunado a ello, somos una sociedad inundada de oportunidades para distraernos.  Alcohol, trabajo, redes sociales, cientos de canales de televisión, etc.  Somos increíblemente ingeniosos para inventar formas de escapar de nuestra realidad.

Antes de ir más lejos, vale la pena aclarar que no tengo nada en contra de los medicamentos ni el entretenimiento.  Como todo, es la forma en que se usan la que causa problemas.  Es cuando usamos unos u otros para para evadirnos, para “no sentir”, que la cosa se torna preocupante.

El dolor en sí mismo no es malo. Simplemente es la manera en que nuestro organismo, físico o emocional, nos indican que algo requiere nuestra atención.  Si elegimos ignorarlo, la causa que lo origina no se va a ninguna parte, sino que sigue creciendo hasta que se transforma en una crisis que no podemos ignorar (y que seguido acaba en el hospital).

El dolor, al igual que el placer, son partes inherentes de la vida.  Uno no existe sin el otro. Como dijo Kahlil Gibran, la copa que hoy contiene nuestro dolor, mañana contendrá nuestra alegría, “Cuanto más profundo ahonde el pesar en nuestro corazón, más alegría podrá contener.” Temerle al dolor equivale a temerle a la vida.  Aceptar nuestro dolor (nuestra cruz, dirían los Cristianos) se traduce en abrazar la vida, con todas sus maravillas y sus tragedias, con sus risas y sus llantos, con sus victorias y sus derrotas. 

No es fácil no tenerle miedo al dolor, pues duele y a nadie le gusta sufrir. Pero precisamente de los rincones más dolorosos de nuestra experiencia florece la vida. Es en el valor de sentir nuestro dolor que comenzamos a sanar. Parafraseando a Bette Midler, quien tiene miedo de romperse nunca aprenderá a bailar,  quien teme morir nunca aprenderá a vivir.  

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...







[1] Intencionalmente omití el nombre de la película,  pero seguramente los verdaderos  fans reconocerán a su autor. ;o)

lunes, 7 de julio de 2014

Comienzos y finales

En la película "The Best Exotic Marigold Hotel" (no sé cómo se haya llamado en español) en algún momento uno de los protagonistas, un incorregible optimista y soñador dice: "En India tenemos un dicho: Todo saldrá bien al final. Si las cosas no están saliendo bien, todavía no es el final" (curiosamente acabo de enterarme que probablemente la frase original sea del escritor brasileño Fernando Sabino). Interesante frase...

Quien la dice es un muchacho irremediablemente optimista y soñador, y por eso creo que se la podemos perdonar. Es precisamente el tipo de cosas que esperaríamos escuchar de alguien así. Solamente alguien no totalmente en contacto con la realidad (las personas realistas SABEN que eso no es cierto) sería capaz de afirmar algo así. Un idealista, un soñador, un loco o simplemente alguien que no ha vivido lo suficiente como para saber que "en la vida real" las cosas no ocurren así. Ocurren accidentes, gente se enferma y muere, se pierden trabajos, terminan relaciones, etc. MUCHAS cosas no terminan bien ¿o si?

Tal vez la frase encierra mucha más verdad de la que le podríamos conceder a primera instancia...

Te invito a pensar la última vez que algo malo pasó en tu vida (si estas atravesando por algo malo en este momento, piensa en algo más, el presente está demasiado cerca como para que tengas una perspectiva clara de él). Es más, piensa en todas las ocasiones en que algo fue mal. ¿Podrías decir que acabó mal? Obviamente la siguiente pregunta es ¿qué quieres decir por "acabó"?

Piensa en tus tragedias personales. Si, efectivamente dolieron, me atrevo a decir que muchas (si eres honesto seguro que no todas) aún hoy preferirías nunca hubieran ocurrido; sin embargo ocurrieron y, con tantito que lo pienses, te darás cuenta que nada terminó, la vida continuó y algo aprendiste. Las cosas no permanecieron tan mal como cuando ocurrió, seguiste adelante, idealmente aprendiste algo, maduraste, eres más sabi@, tienes memorias que compartir y experiencias que recordar. Tal vez incluso tu vida dio un giro inesperado y ahora estas en un lugar o situación en la que tal vez nunca hubieras estado si esa cosa "mala" no hubiera ocurrido.

Muy probablemente en tu vida (como en la mia) nunca nada ha terminado mal, quizá porque probablemente nunca nada termina. Parafraseándo a Yogui Berra, nada se acaba hasta que se acaba. Es decir, mientras tú sigas vivo, nada se ha acabado. Es más, incluso la muerte no acaba nada. ¿Cuántas personas han muerto en tu vida y su legado sigue presente, su influencia sigue sintiéndose años después de haberse ido? Como dice una canción, cada nuevo comienzo, es el final de algún otro comienzo...

Meditemos más en la frase; y si estas pasando por un momento difícil, si las cosas no están saliendo bien; recuerda, todavía no es el final.

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

domingo, 22 de junio de 2014

Sólo se vive una vez...


Es casi un cliché decir "vive tu vida como si fuera el último de tu vida".  Sin duda es cierto, cada día, al menos potencialmente puede ser el último.  Nada, absolutamente nada nos garantiza que vamos a poder vivir el día completo, o que al irnos a dormir, vamos a despertar al día siguiente.  ¿Suena macabro o incluso morboso?  ¿Por qué? ¿Acaso no es verdad?  Es interesante el miedo que muchos le tenemos a la única certeza en la vida.  Sin embargo no es mi intención hablar de la muerte en sí misma.

Supón, sólo por un momento, que hoy fue el último día de tu vida. Sí, leíste bien, hoy, no mañana.  No tuviste ni una semana de advertencia, vaya ni 24 horas.  Hoy probablemente amaneciste y planeaste tu día. Si fue un día laboral, tal vez planeaste (o incluso renegaste) por lo que te esperaba.  Si fue fin de semana, pensaste lo que ibas a hacer o pospusiste hacer algo que en tu mente "tenías" que hacer.  Pero ya no hay tiempo de dar vuelta atrás. No hay chance de volver a vivir el día. Lo hecho hecho está, lo vivido vivido esta.  No pierdas tu tiempo arrepintiéndote por lo que hiciste o pudiste haber hecho.  No hay ya tiempo de remordimientos ni “si tan sólo...” Se acabó.  Hoy fue el último día.  Total, algún día tenía que ocurrir ¿cierto? ¿Por qué no hoy?

Claro que espero que no sea el caso (te deseo una vida larga, divertida y feliz), pero te invito a reflexionar ¿qué tanto apreciaste el día de hoy?  ¿Pasaste tus momentos enfocándote en lo que no iba bien? “voy tarde” “¿que tiene en la cabeza?” “otra vez la regué” etc., etc. ¿Cuanto de este, tu último día, dedicaste a preocuparte, amargarte, criticar, sufrir, arrepentirte de algo, etc.?  ¿Cuantos momentos, de estas preciosas últimas 24 horas dedicaste a apreciar las cosas buenas, es decir, todo lo que no iba mal? La risa en tus hijos, el sabor del café, un gesto de cortesía de un desconocido, la brisa en un árbol, una flor en una maceta, la música, la comida, que tienes trabajo, que estas viv@, tu salud, tus amig@s, el que puedes caminar, ver, hablar, etc., etc., etc.  Si te detienes a considerarlo, muy probablemente este día, por muy malo que haya sido, aún sumando todo lo que salió mal, hubo y es más, sigue habiendo más cosas que van bien que las que hayan (o estén) yendo mal.  Consideralo por un momento. Independientemente de todo lo que haya salido mal hoy, si realmente haces este ejercicio, sospecho que, aún sumando todas las cosas que no hayas podido hacer, todos esos “te quiero” “perdón” o incluso “adiós” que no hayas dicho, hoy sin duda fue un buen día.  Como supuestamente dicen los Sioux, hoy es un buen día para morir.

Las buenas noticias es que, si bien nadie nos lo puede garantizar, probablemente hoy no sea el último día de tu vida; pero precisamente porque no podemos saberlo, que tal si comenzamos a apreciar los días, horas y minutos que tenemos, la gente y las circunstancias que nos rodean.  Recordemos que efectivamente hoy (o mañana, o pasado…) puede ser el último día de tu vida.  Hokahey!

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...