martes, 8 de septiembre de 2015

¿Dónde está tu casa?


¿Alguna vez te has sentido a punto de estallar?  ¿Has sentido que todo te sale mal y te dan ganas de gritar o golpear a alguien?  ¿Por qué no lo haces? ¿Qué te detiene? Esa es la alternativa que nos presenta la película “Día de Furia” (1993). En ella, conocemos a Bill Foster, un hombre acorralado por sus circunstancias.  Atrapado en un carro sin aire acondicionado en un embotellamiento, sin trabajo, separado de su hija, etc.  Bill no puede más y decide abandonar su carro en plena autopista para “ir a casa”.   Sin embargo las cosas no van a ser tan sencillas.  En su camino se topa con vendedores abusivos, asaltantes, decisiones arbitrarias, la indolencia de empleados públicos y la prepotencia de ricos y poderosos.  Suficiente –tal vez– para hacer estallar a cualquiera ¿no?

Mientras más se va derrumbando el protagonista (el nombre de la película en inglés es precisamente “Derrumbándose”) peor se ponen las cosas. La violencia va escalando hasta salir totalmente de control y “pasan el punto donde no hay vuelta atrás”. Bill ha hecho y dicho cosas cuyas consecuencias no se pueden ignorar… Es aquí donde la película nos pone frente a un grotesco espejo.  ¿Acaso nosotros, en esos momentos de estrés, no hemos dicho o hecho cosas de las cuales nos arrepentimos después?

En el proceso de perder el control, Bill repite una y otra vez que lo único que quiere es ir a casa.  De hecho gran parte de su frustración deriva de los obstáculos en su camino.  Pareciera creer que todo se solucionaría sin tan sólo pudiera llegar a casa. Pero la historia nos deja claro que su casa no es el lugar donde vive, pues está divorciado y de hecho hay una orden de restricción en su contra. No, casa no es un lugar sino algo más. ¿Qué significará para Bill casa?

…y aún más importante, en esos momentos de estrés, ¿dónde está tu casa?

Bill busca desesperadamente volver a casa.  Para él (y quizá para nosotros) casa parece ser ese lugar seguro donde todo está bien. Donde no hay gente agresiva, ni irrespetuosa, ni manipuladora.  Casa es tal vez una época pasada cuando todo era feliz, exactamente antes de que las cosas comenzaran a ir cuesta abajo.   O quizá casa es ese momento en el futuro, cuando las cosas comiencen a salir como queremos.  Cuando consiga el aumento, o mi pareja reconozca mi trabajo, o logre comprar el nuevo iPhone, o me pueda ir de vacaciones, etc., etc., etc.

¿Dónde está tu casa?  ¿Es algún lugar físico que puedes visitar? ¿O un lugar mítico en tu memoria (pasado) o tu imaginación (futuro)?  Donde quiera que ubiques tu casa, espero de todo corazón puedas llegar a ella algún día. 

Pero ¿qué tal si te dijera que existe una alternativa?  En lugar de buscar (y en ocasiones alcanzar momentáneamente) esa escurridiza casa ¿no sería mucho mejor tener acceso a ese espacio seguro en cualquier lugar y en cualquier momento?  Me atrevo a imaginar que tu respuesta (como la mía) es sí.
La buena noticia es que es posible y no sólo eso, en este mismo momento tienes acceso a ese lugar.  De hecho TODOS tenemos acceso a ese lugar ahora mismo. Todos conocemos el camino, pero tal vez lo has olvidado.

Hay muchas maneras de volver a casa. Una de ellas, tal vez la más sencilla, es mediante tu respiración.  Poniendo atención plena –sin juzgar– a nuestra respiración, y luego a todo lo que nos rodea, podemos redescubrir en nuestro interior ese lugar que tanto hemos buscado.  Ese lugar donde nadie puede hacernos daño, donde estamos seguros, donde no soplan tormentas y hay paz.

Te invito a conocer más sobre la atención plena y como nos ayuda a mejorar nuestra capacidad de trabajar, amar y a vivir vidas más plenas. 

Los días 11 y 12 de septiembre habrá un taller sobre atención plena (mindfulness) en Querétaro.  Para mayor información, no dudes en contactarme a: sergio@purna.org.mx

Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones, crecimiento e integración.


viernes, 14 de agosto de 2015

¿Te quedas o te vas?


Sólo hay una pregunta filosófica seria, y es la cuestión del suicidio.  Decidir si vale la pena vivir o no, es responder la pregunta más fundamental de la filosofía. Todas las demás preguntas derivan de esta.  Albert Camus- El mito de Sísifo

Tal vez mañana la tierra choque con un meteoro, o tal vez no. La vida es un enorme, barrigón, gigantesco y apestoso desorden. Pero en eso mismo radica su belleza. ¿Qué te puedo decir? Hagas lo que hagas… sales ganando y al mismo tiempo siempre perderás algo.  Kat Hall – Si decido quedarme.

A veces, cuando me encuentro con un cliente que atraviesa una severa crisis de identidad, recordando la cita de Camus, le pregunto “Bueno ¿y por qué no te suicidas?”  La pregunta regularmente los toma por sorpresa, la gente no espera ese tipo de preguntas de un terapeuta (y tal vez de nadie) pero lo que me responden, casi siempre arroja luz sobre lo que realmente le importa al cliente.   “Por mis hijos” dicen algunos, “mi religión no me lo permite”, responden otros “odiaría ser ese tipo de persona”, también he escuchado decir, así como “¡debe haber otra solución a mis problemas!”  Cada una de esas respuestas descubre lo que mueve a una persona. 

La película “Si decido quedarme” (2014) nos confronta indirectamente con esta misma pregunta.  Luego de perder prácticamente todo, los espectadores nos preguntamos si la protagonista vivirá o si sería mejor que muriera.   La mayoría de nosotros jamás nos veremos en una situación similar, lo cual de alguna forma hace más sencillo hacernos la pregunta ¿Yú qué haría? 

Sutilmente la película comienza hablando del joven Beethoven, sordo a los 26 años, pero “decidido a que algo tan insignificante no afectaría su carrera musical” decidió volverse compositor.   De esta manera, casi sin darnos cuenta, nos indica uno de los temas de la historia; ¿cómo tomamos decisiones en la vida?  Sobre todo cuando no nos es posible definir a priori su impacto.

Claro que algunas decisiones no las tomamos, sino que nos toman (otra frase de la película).  Es decir, en ocasiones una de las opciones es tan clara que simplemente no hay discusión, pareciera que de antemano sabemos cuál hay que tomar, es más ni siquiera parece que hay que elegir.  Seguro sabes a lo que me refiero. ¿Cuántas decisiones de ese tipo ha habido en tu vida?  ¿Tu profesión? ¿Tu matrimonio?  Aún más interesante, ¿Cuántas de esas decisiones fueron “erróneas”? Por ejemplo, si te divorciaste ¿sigues pensando que esa persona era la correcta? Si no ejerces tú profesión ¿aún consideras que la carrera elegida fue “correcta”? (noten las comillas).

Regularmente no doy respuestas en esta columna, pues la mejor respuesta es la de cada persona. Sin embargo en este caso sugiero que la respuesta siempre debe ser un enfático ¡Sí!

“¿Cómo puede decir eso?  Hay cosas que han pasado en mi vida de las que me arrepiento y simplemente no hubiese querido que hubiesen ocurrido” Exclama alguno.  Sin duda en esta vida es imposible evitar el dolor.  Hay una historia del Buda, a quien una mujer desconsolada le pide le devuelva la vida a su hijo, a lo que el Buda responde que sí, y que lo único que necesita son unas semillas de una casa que jamás haya conocido el dolor. Luego de buscar en toda la aldea, la mujer comprende que el dolor es parte inseparable de estar vivo, y entonces es capaz de aceptar su pérdida.

Como dice Kat (la mamá) en la película, desde cierta perspectiva, la vida es un gigantesco desorden; pero un poco de desorden no le hace mal a nadie (el problema radica más bien en nuestra capacidad para aceptar ese desorden).  Vivir es enfrentar una mezcla de risas, llantos, aventuras, incertidumbres, miedo, esperanza y desesperanza.  Ese es el paquete que adquirimos cuando llegamos a este mundo.  Ahora viene la pregunta ¿Vale la pena vivirla?  ¿No sería mejor –como parece sugerir Camus– suicidarnos?

¿Qué respondes?  ¿Cuáles son tus motivos para seguir viviendo? y –quizá más importante– ¿vives en coherencia con ellos?  

¿Qué es tu chelo?

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...


Sergio 

jueves, 6 de agosto de 2015

¿Qué es Cine Yoga?


La vida, es como llegar tarde a una película. Tienes que descubrir de qué se trata sin molestar a los demás con muchas preguntas, y para rematar; te piden que te salgas de la sala sin saber cómo va a acabar.  Joseph Campbell
He recibido algunas preguntas sobre ¿qué es Cine Yoga y por qué ese nombre? Vamos esbozando una respuesta…

¿Te has preguntado por qué hay películas que no puedes sacar de tu cabeza y otras que simplemente se te olvidan casi al salir del cine?

Cine Yoga es la invitación de ver cada película como oportunidad de reflexión y crecimiento personal.

Aunque en México la palabra “yoga” se relaciona primordialmente con una forma de actividad física, el concepto es mucho más amplio.  Yoga viene del sánscrito y significa unir, sumar, conectar o integrar.  Cine Yoga busca integrar las experiencias, emociones e ideas que evocan las películas que vemos, con la aspiración interna a crecer y evolucionar.

Toda buena película, además de entretener, busca despertar en nosotros emociones y hacernos pensar.  Una buena película nos deja pensativos, queremos –a veces necesitamos– comentarla con otros. Nos deja esperando por la segunda parte, nos empuja a comprar el libro para saber más sobre los personajes. En otras ocasiones nos hacen enojar, nos indignan las injusticias que presenciamos, celebramos el triunfo de “los buenos” y muchas veces nos invitan (y a veces exigen) que tomemos partido, que definamos nuestra opinión y que hagamos algo al respecto.  Si sabemos escuchar lo que ocurre en nuestro interior, es imposible que una buena película no nos impacte de alguna manera.  Es una invitación a pensar, a sentir, a crecer.

No es coincidencia que algunas películas te impacten y otras no.  Tampoco que mientras algunas hacen llorar a ciertas personas a otras nomás no les digan nada.  Cada película envía mensajes a nuestro inconsciente y, dependiendo de lo que traemos dentro, resonamos con algunos de sus mensajes. 

Una muy buena película, es capaz de hablar a los inconscientes de casi todo el mundo, es por ello que es imposible mantenerse indiferente a ellas.  Otras parece que fueron hechas específicamente para ti, y el mensaje parece aplicarse perfectamente a la situación en que te encuentras o la decisión que tienes que tomar.  ¿Te ha pasado?

Cada uno de nosotros llevamos una brújula interior que sabe hacia donde tenemos que dirigirnos, cuál es nuestra tarea en esta vida, lo que nos toca aprender, hacia donde vamos, cuál es nuestra misión y propósito, por qué estamos aquí.  Cuando una película nos hace reaccionar, es porque ha tocado las fibras más profundas de nuestro ser, lo que realmente nos importa.  La reacción es la respuesta de esa brújula interna que nos dice: “¡atención,  aquí hay algo para ti!”   O más gráficamente: “¡ALERTA, ALERTA! Oportunidad de crecimiento a la vista”.

Cine Yoga busca enfatizar estos llamados interiores.  Todos disfrutamos de una buena película, y lo haremos aún más si aprovechamos las enseñanzas que nos deja. 

¡OJO! No me estoy refiriendo sólo a las grandes películas épicas.  TODA película es una oportunidad de crecimiento. Si ponemos atención a nuestras reacciones y nos tomamos el tiempo y la curiosidad de explorar sus razones, veremos que todas las películas encierran mensajes ocultos para descifrar, lugares que explorar y aventuras en el más grande de todos los escenarios, nuestro interior.

¿Por qué nos gusta ir al cine? Quizá porque los personajes de las películas nos hablan al oído.  Todos somos Frodo o Indiana Jones, todos llevamos dentro algo de Shrek y James Bond.  En tu interior viven la princesa Leia, Rocky Balboa, el padre Amaro, Amélie, Forrest Gump, Thelma, Louis, Pepe el Toro, Gollum, Mulan, Yoda y Katniss Everdeen. Ellos no son ajenos a ti. Sus aventuras son tus aventuras y sus predicamentos tuyos.  Todos viven en ti y tienen lecciones que enseñarte.  Tú eres el protagonista de la historia y tienes la posibilidad de elegir ser víctima, héroe o heroína de tu propia película. 

Vamos a hacer yoga al cine.

Sergio Rodríguez Castillo
www.purna.org.mx

domingo, 26 de julio de 2015

Todo sobre… ¿mi madre?

Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma. 
La Agrado

La película “Todo sobre mi madre” (1999) toca prácticamente todos los temas tabúes que podamos imaginar. Travestismo, prostitución, lesbianismo, transexualismo, SIDA, sexo fuera del matrimonio, embarazos no deseados, muertes inesperadas, relaciones familiares, drogadicción, etc. Al mismo tiempo, es una bellísima manifestación de la belleza infinita de la mujer y la naturaleza humana, misma que –como la proverbial flor de loto que crece en el pantano y florece por encima de él– aún en las condiciones más adversas es capaz de prosperar. Precisamente ahí, donde encontramos más sufrimiento, más contradicción, más dolor; es también donde encontramos nobleza, compasión, lealtad y redención.

En mi opinión, la frase más memorable de la película (además de aquella de “¡tú no eres un ser humano, eres una epidemia!”). Es precisamente la citada arriba. Te pido por favor la vuelvas a leer despacio, para digerirla, …más auténtica cuando más se parece a lo que ha soñado… ¡Guau!

Curiosamente, cuando la escuché, retumbó en mi memoria. Eso ya lo he escuchado antes… ¿dónde? Me recordó el desafío de Nietzsche a través de Zaratustra, “Conviértete en quien eres” o la invitación de Kierkegaard a “ser aquello que uno realmente es”. Fuertes palabras, pero ¿qué significan? ¿Qué es eso de ser –o convertirse– en quién uno es? ¿Acaso no soy quién soy? (y no me parezco a naiden como cantaba Pedro Infante) ¿Puedo ser lo que no soy? Si no soy quien soy en este momento, entonces ¿quién soy? y aún más difícil, si no sé quién soy ¿cómo voy a convertirme en quien realmente soy?

La Agrado habla de parecerse a quien uno ha soñado. ¡Una pista! Tal vez la respuesta está en imaginar todo lo que podemos ser y luego dedicarnos a realizar esa imagen. Tal vez si nos convencemos que esa imagen es quien realmente somos, como dice Jesús, se hará conforme a nuestra fe [1].

Suena bien, pero hay que tener cuidado de no caer en la tentación de simplificaciones excesivas y asumir que creer es suficiente. Efectivamente nuestros pensamientos filtran y determinan la realidad que percibimos (¿alguna vez has comprado un carro sólo para darte cuenta que al parecer todo mundo decidió comprarlo también?). No creemos lo que vemos, sino que vemos lo que creemos. Pero no se trata nada más de imaginarnos que somos altos, guapos y millonarios y ¡Shazam! así será. No, quizá Jesús, Nietzsche, Kierkegaard y la Agrado están refiriéndose a algo diferente.

Sospecho que más bien la invitación va en la misma línea del exhorto en el templo de Apolo: “conócete a ti mismo” o quizá del consejo del Polonio en Hamlet: “por encima de todo, nunca te mientas a ti mismo”. Sólo sí somos honestos con nosotros mismos, descubriremos la verdad sobre quien somos. Sólo así, lo que imaginamos deja de ser fantasía y se acerca a la realidad de quien podemos ser.

¡Pero cuidado! Saber quién no es tan sencillo como parece. Como al pelar una cebolla, hay que descartar capas. Si has pasado tu vida dándole gusto a los demás o haciendo lo que la sociedad dice y las normas mandan, entonces no has tenido tiempo de averiguar quién eres. Es claro que no eres quien otros dicen que debes ser. Tampoco no eres tu profesión (ya eras alguien antes de tenerla), ni tu rol en la familia (padre, madre, hijo), ni tu nacionalidad, ni tu religión. Todo ello puede cambiar sin que cambie tu esencia. Si descartamos todo lo superficial ¿qué queda? ¿Qué tanto más podemos pelar la cebolla?

¿Alguna vez te has preguntado quién eres? ¿Te has detenido a escuchar la respuesta? Con suerte, te lo preguntaste en tu adolescencia… pero como ropa de aquellos tiempos, ¿te sigue quedando la respuesta? Para muchos, nunca hubo tiempo de preguntarse. Había que terminar la primaria, la secundaria, la prepa... Hacer una carrera, conseguir un trabajo, tener hijos… Siempre hay algo por hacer, pero no hay tiempo para ser.

¿Quién eres? ¿Qué tantas capas de la cebolla puedes pelar? ¿Qué tanto te asemejas a quien, en tus más profundos sueños, sabes eres y puedes ser?

Termino con una cita más, esta vez de la escritora George Eliot, “nunca es demasiado tarde para ser quien pudiste haber sido”. 

¿Qué estas esperando?

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...
www.purna.org.mx



[1] Mt 9:29, o según algunas traducciones, nos convertiremos conforme a lo que creemos.

domingo, 19 de julio de 2015

50 tonos de sexo

“El propósito fundamental de este contrato es permitirle a la sumisa explorar de forma segura su sensualidad y sus límites. El dominante y la sumisa reconocen y manifiestan que todas las actividades que tengan lugar bajo el amparo de este contrato serán de carácter consensual, confidencial y sujeto a los términos de este contrato y los procedimientos de seguridad detallados en el mismo”

Con esta clausula comienza el contrato entre Christian Gray y Anastasia Steele en el famoso libro y la película “50 sombras de Gray”.


Déjenme dejar algo absolutamente claro Aunque en la película se le resta importancia, en el libro claramente se habla de una relación que puede calificarse de perversión de menores o abuso infantil. Tales conductas son reprochables y constituyen delito. Aquí NO me estoy refiriendo a tales situaciones. Como se enfatiza en el contrato, estamos hablando estrictamente de relaciones consensuales entre adultos capaces. 

Aunque es un tema muy interesante y da para mucho, no pretendo condenar, apoyar o convencer sobre las prácticas sexuales que involucran BDSM
[1]. Cada quien tiene su opinión (misma que puede ir desde ¡guag! hasta ¡guácala!) y si no la tenía antes de leer los libros o ver la película, seguro ya la tiene Más bien me interesa explorar lo que la película significa para cada uno de nosotros.

¡¿QUÉ DICE…?!” –tal vez alguien diga–- “Yo no soy ni una recién graduada ni un multimillonario con problemas de control. ¡Esa película no tiene NADA que ver conmigo!

Tal vez no, pero tal vez sí. Como casi todos los temas relacionados con sexo, las cosas rara vez son blanco y negro[2]

El título mismo del libro nos da una sugerencia sobre esto. La autora claramente elige el apellido “Gray” (en español “gris”) para hacer un juego de palabras, que se pierde en la traducción. Además de “50 sombras de Gray” el título se puede traducir como “50 tonos de gris”. Esta expresión se refiere a algo que no puede verse como absolutamente malo o bueno, es decir, que la relación entre Gray y Steele no está sujeta a las normas sociales o los estereotipos de una relación, por lo tanto, no debe verse en blanco y negro, sino en la escala de grises.

Habiendo dejado esto claro, te pregunto: ¿Cuál es tu posición sobre estos temas? ¿Cuál fue tu reacción a las prácticas realizadas entre los protagonistas? ¿Repulsión? ¿Curiosidad? ¿Excitación?

Se ha dicho que las relaciones sexuales entre parejas comprometidas, especialmente entre casados, están hechas de sobras. Es decir, cada miembro de la pareja deja claro lo que no está dispuesto a hacer y lo que sobra es lo que constituye la activiad sexual de la pareja. Honestamente, ¿qué tanto es este tu caso?

Sólo como ejercicio mental pregúntate, ¿Qué tan atractivo puede ser tener control absoluto sobre otra persona? ¿Qué tan excitante puede ser renunciar radicalmente al control y, dentro de límites previamente acordados, abandonarse totalmente al dominio de otro? Quizá todos tenemos un poco de sadista o masoquista ¿o no?

Nota tus reacciones a estas preguntas, las voces internas que tal vez se apresuran a condenar algo como malo, pecaminoso, inmoral, etc. ¿Podrías tener una conversación al respecto con tu pareja? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué?

Esas son las preguntas que nos plantea la película. Recordando el citado contrato, ¿qué tanto estas dispuesto(a) a explorar tu sensualidad y sus límites? ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste, en materia sexual, con algo diferente? (y no tiene que ser látigos y vendas, sino algo tan simple como dejar la luz prendida o algo así). ¿Qué opinas?

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...






[1] Si no saben lo que es, los invito a “googlearlo” aunque ojo, se pueden llevar una sorpresa. Bástenos decir que son las siglas en ingles para una seria de prácticas que involucran Bondage (ataduras), Discipline/Domination (disciplina/dominación), Submission/Sadism/Slave (sumisión/sadismo/esclavo) y Masochism/Master (masoquismo/amo).
[2] El hecho de que los libros hayan vendido más de 125 millones de copias y se hayan traducido a 52 idiomas me hacen suponer que estos libros y la película le hablan a mucha gente.

lunes, 4 de mayo de 2015

Padres Fantasmas

En la película “Interestelar”, al despedirse de su hija, el protagonista (Cooper) le dice: “Los padres estamos aquí para ser memorias para nuestros hijos… una vez que eres un padre, eres el fantasma del futuro de tus hijos”.  Si bien la elección de palabras tiene que ver con la trama de la película, la idea me ha estado dando vueltas en la cabeza y vale la pena explorarla.

¿Qué quiere decir Cooper con esta expresión?

Como psicoterapeuta, lo primero que me recuerda es lo que llamamos “introyección”, es decir, el proceso por el cual, desde niños, internalizamos ideas, conductas y en ocasiones la totalidad de la personalidad de otros, casi siempre nuestros padres.  Freud afirmaba que gran parte de quien somos se compone de patrones, conductas y reglas impuestas por otros y adoptadas como propias.  Perls agrega que tales introyecciones son “tragadas” sin analizar, y por ello es sumamente difícil cuestionarlas, sino que tendemos a repetirlas inconscientemente. Esto es mucho menos abstracto de lo que suena. ¿Quién no ha escuchado en su mente la voz de sus padres, repitiéndose como discos rayados una y otra vez, a veces aconsejando y muchas otras regañándonos? ¿Cuántas veces nos damos cuenta con sorpresa o risa –pero a veces con horror- que nos estamos convirtiendo en nuestros padres?

Efectivamente, para bien o para mal, nuestros padres viven en nuestras mentes.  Te invito a observarlo en tu propia experiencia. Sólo escucha por un rato tu diálogo interior, tus acciones y tus palabras y, si pones atención, muy pronto vas a descubrir quien está hablando por tu boca.  Es más, luego de descubiertas, una vez que le comienzas a poner atención estas voces, no es tan difícil decidir qué hacer con ellas.  Si te sirven, consérvalas; de lo contrario, trabaja en cambiarlas.

La introyección es sin duda una manera en la que nuestros padres son fantasmas en nuestra memoria. Pero vamos más allá…

Dejemos de ver hacia el pasado y pongamos atención en el presente.  Independientemente de lo que haya sido tu infancia, ¿de qué manera estas siendo tú el guardián de la memoria de tus hijos? ¿Estamos procurando que las experiencias que tengan hoy, de nosotros y del mundo, se conviertan en memorias que atesoren en el futuro? Memorias que forjen quienes llegarán a ser y como nos recordarán.

Es un misterio que es lo que alcanza a registrarse en nuestra memoria.  ¿No te parece sorprendente que muy seguido nos podemos acordar del nombre de nuestros compañeros de primaria pero no de nuestros últimos cinco cumpleaños? ¿Cuántas veces debemos confesar que no recordamos algo supuestamente importante, mientras llevamos grabados momentos que parecieran totalmente ordinarios o sin relevancia?  ¿Qué es lo que hace que un evento se convierta en un recuerdo?

Recordamos experiencias, buenas y malas. Las memorias se conglomeran alrededor de sentimientos.  Recordamos como algo o alguien nos hizo sentir.  ¿Pones atención en el mundo interior de tu hijo o hija? ¿Te interesas por lo que sienten? ¿Saben que respetas y valoras sus pensamientos y sus emociones?

En otro momento de la película, el protagonista dice que “cuando te conviertes en padre, algo se vuelve muy claro, que tu mayor deseo es hacer todo lo posible para que tus hijos se sientan seguros”.  ¿Qué estamos haciendo hoy –como padres y como sociedad– para que nuestros niños y niñas se sientan seguros, aceptados y amados incondicionalmente?

Es un hecho que, de una u otra manera, día con día, nos estamos convirtiendo en recuerdos de nuestros hijos.  Ten presente que en un futuro, mucho más cercano de lo que crees, serás sólo un fantasma en su memoria.  De ti depende HOY, ir forjando esos recuerdos y la forma en que continuarás vivo en ellos; como un fantasma, un monstruo, un amigo, un desconocido…

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

@Re_descubrir

lunes, 30 de marzo de 2015

El Gobierno que merecemos...


"Hago oración por que podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos"
Alejandro González Iñárritu


Es imposible ignorar que estamos, otra vez, en época de elecciones. La propaganda nos rodea y demanda nuestra atención. Vemos fotos retocadas de candidatos y candidatas de los partidos de siempre y de muchos que, al menos yo, jamás había escuchado.
Pero no voy a escribir de política. Siendo honesto, no hay mucho que pueda aportar a la discusión. Sin embargo, al verme bombardeado por todos los frentes con promesas de las maravillas que los candidatos van a hacer si los favorecemos con nuestro voto, recuerdo las palabras arriba citadas de González Iñárritu al recibir el Oscar a la mejor película este año. Nunca he ganado un Oscar, pero me imagino que en ese momento, es difícil encontrar las palabras correctas. Es decir, no estoy seguro si las palabras son lo que en ese momento de nervios pudo decir, o resultado de cuidadosa cavilación. En todo caso son palabras sugestivas que vale la pena desmenuzar.
Hago oración” esto me sugiere fe. No sabemos fe en qué o en quién. Puede ser en un dios supremo, en el universo, el destino o incluso en los “compañeros mexicanos” a quienes dedica el premio. Indica la esperanza de que se trata de que es algo realizable. “Podamos” del mismo modo sugiere posibilidad, algo que es alcanzable, que se puede llevar a cabo, hacer realidad.
Encontrar” esto indica que, al menos en su opinión, no lo tenemos, pero que existe “allá afuera” y por lo tanto es susceptible de ser hallado. Basta con ver la situación del país para asentir en acuerdo con él de que muy probablemente dicho gobierno está por lo menos extraviado. Sería interesante preguntarnos si alguna vez lo hemos poseído o si se trata de un ideal inalcanzable (algo así como el sueño imposible del Hombre de la Mancha).
Construir” esta palabra me sugiere que está hablando de algo que es necesario ensamblar o edificar. Construir implica trabajo, tiempo, dedicación y empeño. Algo que construyes no lo encuentras. Me parece que es más difícil, pero más satisfactorio, construir que encontrar algo.
El gobierno que merecemos” ¡oh, oh! Ahora si estamos en problemas, pues salimos del campo de las definiciones para entrar al espinoso de juicios de valor. “Merecer” implica ser digno de algo, dependiendo de nuestras acciones, puede ser un premio o un castigo. Es alcanzar algo, resultado de nuestro esfuerzo (o su ausencia). ¿Quién y cómo decidir que gobierno merecemos? Me parece que González Iñárritu esta pensando en la nobleza de los mexicanos. De ahí se desprende que un pueblo noble, merece un gobierno noble, del mismo modo que un pueblo malvado merece (es decir se hace acreedor) a un gobierno malvado. Hasta ahí creo que vamos de acuerdo. Si tenemos (como parece sugerir) un mal gobierno, claramente no nos lo merecemos, pues nosotros somos buenos. ¿Cierto?
Sin embargo se supone que vivimos en una democracia (aunque muchos cuestionarían esta aseveración). Es decir, donde el pueblo (las mayorías) elegimos el gobierno que tenemos. Es por esto que la oración de Iñárritu se torna complicada y hasta dolorosa, pues estrictamente hablando, YA TENEMOS el gobierno que merecemos, el gobierno que nosotros mismos nos estamos dando. ¡Ouch!
Criticar a nuestro gobierno y criticar a los mexicanos (y a la selección) parece deporte nacional y no tengo ninguna intención de contribuir a ello. Simplemente quiero invitarnos a considerar, ¿que tal si efectivamente tenemos el gobierno que merecemos? Y si tal pregunta les parece casi insultante, ¿qué estamos haciendo   -tu y yo mi querido lector- para cambiarlo? Si realmente no tenemos el gobierno que merecemos, ¿cómo estamos hoy trabajando -es decir, no sólo hablando o escribiendo- para construir (por que efectivamente no es algo que se encuentra como un tesoro oculto) ese México que queremos para nosotros y nuestros hijos? Si no sabes que hacer, hagamos como dijo Denise Dresser en alguna ocasión “El que no sepa qué hacer por México que se ponga a saltar en un solo pie y algo se le ocurrirá”. 

¿Saltamos?
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

lunes, 9 de febrero de 2015

Crisis de Imaginación

 Estamos tejidos de la misma tela que los sueños
Shakespeare

¿Alguna vez te has preguntado qué o quién hace el mundo que nos rodea?  Algunos responderían que Dios; sin embargo, sería una respuesta incompleta…

Sospecho que pocos afirmarían que Dios hizo los autos que manejamos, los edificios que habitamos, la comida que comemos (mucha de dudoso valor nutricional), los programas de TV que vemos, los problemas en que nos metemos, las crisis que atravesamos, etc.  Creo es válido afirmar que todo ello son creaciones de la humanidad.  Sin embargo la respuesta sigue siendo poco específica.

Quiero sugerir la posibilidad de que todo, absolutamente todo lo que nos rodea es producto de la imaginación…

“¡Ya salió el peine!” casi puedo escuchar decir al amable escéptico leyendo estas líneas… “ya sabía que nos iba a salir con una de esas ondas ´new age´. Ese rollo de que nuestros pensamientos crean la realidad y que lo único que necesitamos en pensar positivamente y el ´universo´, cuan genio de la lámpara, cumplirá todos nuestros deseos.  ¡Tonterías!

Permítame un momento señor escéptico.  Lo que estoy sugiriendo es algo mucho más sencillo, y espero, más tangible.  Te pido mires a tu alrededor por un momento… en serio, mira a tu alrededor.  Nota que todo, absolutamente todo lo que vez, desde la silla donde estás sentado, la ropa que traes puesta, la computadora donde estás leyendo esto, el cuarto en que te encuentras, el edificio, la ciudad,  etc., todo surgió de la imaginación de alguien.  No hace mucho, nada de ello existía, y hoy aquí esta.  La profesión que desempeñas, los productos que compramos o vendemos,  las historias de las que formamos parte, los conflictos, las guerras, tu personalidad, tus relaciones, etc.  Todo producto de la imaginación.

“¿Está usted sugiriendo…” pregunta nuestro escéptico… “que cada uno es el creador y la medida de todas las cosas?  No le parece demasiado presuntuoso e incluso peligroso?”  ¡Buen punto! No, ciertamente no todo es producto de una sola imaginación.  Más bien es resultado de la energía de todas nuestras imaginaciones combinadas.  Por ejemplo, las experiencias de una pareja, son resultado de la compleja interrelación entre las partes.  Del mismo modo, la historia, situación y futuro de una nación, provienen de la imaginación colectiva de todos sus miembros.

Mirando la situación de nuestro país, pareciera que más allá de las muchas crisis que estamos viviendo (de seguridad, financiera, de credibilidad, etc.) la mayor de todas es la crisis de imaginación. O para ser más precisos, la aparente incapacidad (o falta de voluntad) de imaginar un mundo diferente; una casi patológica imposibilidad de soñar un país distinto.  Si bien a cada rato escuchamos hablar del ingenio del mexicano, desafortunadamente dicho ingenio parece enfocarse en la sátira, en la burla y en la ironía (o peor aún, en la manera de evitar el trabajo o sacar ventaja de los demás).  Ciertamente ingenioso, pero de poca utilidad si lo que realmente queremos en un México mejor. 

Puedo ver a nuestro querido escéptico frunciendo el entrecejo.  Si, efectivamente es más fácil dudar y cuestionar, y sin duda es necesario hacerlo ¡pero cuidado! la distancia entre el escepticismo y el cinismo es muy corta, y el cinismo aporta poco y asfixia a la imaginación. . La crítica es sana y necesaria, pero  nuestro país está lleno de crítica y sarcasmo, cuando lo que en verdad necesitamos es imaginación.

Necesitamos gente capaz de soñar un país diferente y dispuesta a trabajar por hacer ese sueño realidad.  Así como alguna vez alguien soñó el edificio donde estas en este momento (y del cual hoy te beneficias), México requiere hombres y mujeres capaces de imaginar nuevas y mejores formas de hacer las cosas y de ser.  No tener miedo de señalar lo que no funciona, pero no quedarse ahí, sino ser propositivos, sugerir primero y hacer realidad después nuevas soluciones.

Todo, siempre ha comenzado con un sueño.  Los sueños le dan forma al mundo. Hoy les invito a soñar. Soñemos juntos el estado, el país y el planeta en el que queremos vivir, pero no sólo soñemos, sino también, trabajemos por hacer esos sueños realidad.  Cierto, soñar solamente no va a cambiar nada, pero sólo por ahí podemos empezar, creando una visión de lo que es posible y luego hacerla realidad.  No sé cuántos de nosotros tomará. Pero debemos soñar, y si suficientes de nosotros soñamos, entonces sucederá. Recuerda, son los sueños los que dan forma al mundo.


Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...