Sólo hay una pregunta filosófica seria, y es la
cuestión del suicidio. Decidir si vale
la pena vivir o no, es responder la pregunta más fundamental de la filosofía. Todas
las demás preguntas derivan de esta. Albert
Camus- El mito de Sísifo
Tal vez mañana la tierra choque con un meteoro, o tal
vez no. La vida es un enorme, barrigón, gigantesco y apestoso desorden. Pero en
eso mismo radica su belleza. ¿Qué te puedo decir? Hagas lo que hagas… sales
ganando y al mismo tiempo siempre perderás algo. Kat Hall – Si decido quedarme.
A veces,
cuando me encuentro con un cliente que atraviesa una severa crisis de
identidad, recordando la cita de Camus, le pregunto “Bueno ¿y por qué no te
suicidas?” La pregunta regularmente los
toma por sorpresa, la gente no espera ese tipo de preguntas de un terapeuta (y
tal vez de nadie) pero lo que me responden, casi siempre arroja luz sobre lo
que realmente le importa al cliente.
“Por mis hijos” dicen algunos, “mi religión no me lo permite”, responden
otros “odiaría ser ese tipo de persona”, también he escuchado decir, así como
“¡debe haber otra solución a mis problemas!”
Cada una de esas respuestas descubre lo que mueve a una persona.
La película
“Si decido quedarme” (2014) nos confronta indirectamente con esta misma
pregunta. Luego de perder prácticamente
todo, los espectadores nos preguntamos si la protagonista vivirá o si sería
mejor que muriera. La mayoría de nosotros jamás nos veremos en
una situación similar, lo cual de alguna forma hace más sencillo hacernos la
pregunta ¿Yú qué haría?
Sutilmente
la película comienza hablando del joven Beethoven, sordo a los 26 años, pero
“decidido a que algo tan insignificante no afectaría su carrera musical”
decidió volverse compositor. De esta manera, casi sin darnos cuenta, nos indica uno de los temas de la historia; ¿cómo tomamos
decisiones en la vida? Sobre todo cuando
no nos es posible definir a priori su impacto.
Claro que
algunas decisiones no las tomamos, sino que nos toman (otra frase de la
película). Es decir, en ocasiones una de
las opciones es tan clara que simplemente no hay discusión, pareciera que de
antemano sabemos cuál hay que tomar, es más ni siquiera parece que hay que
elegir. Seguro sabes a lo que me
refiero. ¿Cuántas decisiones de ese tipo ha habido en tu vida? ¿Tu profesión? ¿Tu matrimonio? Aún más interesante, ¿Cuántas de esas
decisiones fueron “erróneas”? Por ejemplo, si te divorciaste ¿sigues pensando
que esa persona era la correcta? Si no ejerces tú profesión ¿aún consideras que
la carrera elegida fue “correcta”? (noten las comillas).
Regularmente
no doy respuestas en esta columna, pues la mejor respuesta es la de cada
persona. Sin embargo en este caso sugiero que la respuesta siempre debe ser un
enfático ¡Sí!
“¿Cómo puede decir eso? Hay cosas
que han pasado en mi vida de las que me arrepiento y simplemente no hubiese
querido que hubiesen ocurrido” Exclama alguno. Sin duda en esta vida es imposible evitar el dolor. Hay una historia del Buda, a quien una mujer desconsolada
le pide le devuelva la vida a su hijo, a lo que el Buda responde que sí, y que
lo único que necesita son unas semillas de una casa que jamás haya conocido el
dolor. Luego de buscar en toda la aldea, la mujer comprende que el dolor es
parte inseparable de estar vivo, y entonces es capaz de aceptar su pérdida.
Como dice
Kat (la mamá) en la película, desde cierta perspectiva, la vida es un gigantesco desorden; pero un poco de
desorden no le hace mal a nadie (el problema radica más bien en nuestra capacidad para aceptar
ese desorden). Vivir es enfrentar una
mezcla de risas, llantos, aventuras, incertidumbres, miedo, esperanza y
desesperanza. Ese es el paquete que
adquirimos cuando llegamos a este mundo.
Ahora viene la pregunta ¿Vale la pena vivirla? ¿No sería mejor –como parece sugerir Camus–
suicidarnos?
¿Qué respondes? ¿Cuáles son tus motivos para
seguir viviendo? y –quizá más importante– ¿vives en coherencia con ellos?
¿Qué es tu chelo?
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente
equivocado...
Sergio