jueves, 17 de enero de 2013

La muerte y los impuestos.

Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente me dijo: Vive,vivevive!, era la muerteJaime Sabines

Dicen que lo único seguro en la vida son la muerte y los impuestos.  Claro que incluso en este caso, se trata de hacer una broma con la verdad tal vez más dura de nuestra existencia.

El único hecho innegable, indudable e ineludible es que vamos a morir.  Todos, unos antes y otros después, unos jóvenes y otros viejos, unos en agonía y otros sin dolor, pero tu y yo, y todos los que conocemos, vamos a morir.  Se dice que el ser humano es el único animal que tiene conciencia de su vida, del paso del tiempo y de su muerte.  Una de esas bendiciones-maldiciones de nuestra naturaleza.

Todas las religiones (al menos todas las que conozco) de alguna manera búscan darnos una respuesta a que pasa después de la muerte.  Gran obsesión del ser humano.  Unas nos dicen que iremos al cielo (o al infierno) donde encontraremos a nuestros seres queridos (gente que ha estado clínicamente muerta por un momento reporta esta experiencia, al final del tunel y la luz brillante). Otras nos hablan de innumerables reencarnaciones, de alcanzar un estado de conciencia tal que nos liberemos de tal ciclo de volver y volver a este "valle de lágrimas", etc. Mediums nos aseguran que morir no duele y que es totalmente seguro.  Uno puede elegir creer o no en estas ideas (no las critico ni respaldo, simplemente señalo que creer en ellas es una elección).  Pero en realidad nadie sabe el lugar ni la hora, ni lo que sigue después.

Lo que sí sabemos es que sea lo que sea, luego de nuestra muerte esta vida (la de ahorita, en este momento, la única vida que probablemente conoces) se acaba y no hay vuelta atrás.  El fin de tu vida significa el fin de tu historia.  No más risas, no más preocupaciones, no más atardeceres, no más pleitos con tu pareja, no más límites, ni sueños ni promesas.  Lo único claro más allá de toda duda es que cuando se acabó se acabó y lo que siga, bueno o malo, sea lo que sea (o incluso si no sigue nada) es diferente e independiente de lo que ocurre de este lado.

Como decía mi abuelo, ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?  Si sabemos que vamos a morir, si sabemos que lo único seguro es este momento (ni siquiera el día de mañana ni el proximo minuto esta garantizado) ¿por que lo desperdiciamos como si fueramos a vivir para siempre? ¿Por qué nos afanamos en acumular bienes materiales, reconocimientos o lo que sea, si nada de ello nos lo vamos a poder llevar? Sospecho que en gran parte es por que nos las arreglamos para no pesar en nuestra muerte.  Nos distraemos con la televisión, con el trabajo, con los hijos, planeando la próxima vacación, preocupándonos por como pagar nuestras deudas o "salir adelante"  ¿adelante de qué o quién si nadie puede saltar la raya que marca nuestra propia muerte?

Memento mori, recuerda que vas a morir, reza la frase.  No en un intento de aguarnos la fiesta, sino precisamente buscando que, con la conciencia de nuestra muerte, venga (como de hecho ocurre) una pasión y apreciación por nuestra vida.  La mejor cura para el miedo a morir es vivir.  Hacer las paces con nuestra propia muerte, paradójicamente, es abrazar plenamente la vida.

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

miércoles, 16 de enero de 2013

Seamos gente decente

Hace unos días volví a ver la película "la hoguera de las vanidades". Sin entrar en detalles de la película, el discurso del juez me pareció muy apropiado para nuestra situación. Parafraseando, ¿podemos hablar de justicia cuando los testigos declaran falsamente? ¿Cuándo a las autoridades les preocupa más el nivel de las encuestas esta que en la aplicación de la ley? ¿Cuando a los medios les importa más dar una noticia escandalosa que reportar la verdad? ¿Cuándo a los miembros de la iglesia les preocupa más "sajar tajada" que defender lo que es correcto? ... ¿¡Es posible hablar de justicia!? Déjenme decirles lo que es la justicia. La justicia es la ley. Y la ley es el mejor (pero rudimentario) intento de los hombres de establecer principios de decencia. ¡Decencia! Y la decencia no es algo que se negocia ni regatea, no es un contrato ni una historia ni un espectáculo. La decencia es aquello que nos enseñó nuestra abuela. ¡Existe en lo más profundo de nuestro ser! ¡Lo llevamos en los huesos! Ahora, vayan a casa y sean gente decente. Sean decentes.
Tristemente suena familiar. Sólo basta escuchar las noticias, la realidad parece sacada de una novela (no me queda claro si una comedia o una tragedia o ambas). Se ha perdido la confianza en la ley. Es un circo y es una tragedia cuando un país pierde la confianza en sus instituciones. ¿Qué nos queda entonces? Cuando la situación es tal, lo único a lo que nos queda apelar es precisamente a la decencia. La decencia de cada uno de nosotros como seres humanos, como padres, hijos, hermanos y hermanas. Comportarnos decentemente, con los demás y en nuestras acciones. Cosas tan sencillas como no tomar lo que no nos pertenece, respetar nuestro lugar en la fila, ser un ejemplo, no pensando en los demás sino en nosotros mismos ¿Estamos siendo el tipo de personas que queremos/podemos ser? ¿Qué pasaría si todos actuaran de la misma manera? ¿Nos gustaría? 

No estamos buscando mártires ni héroes ni caudillos, simplemente gente decente. Todos, si nos detenemos a escuchar un momento llevamos dentro una voz que nos indica si algo es decente o no (que es distinto que “bueno” o “malo”). Decencia amigos, eso es todo lo que necesitamos hacer. ¿En que momento perdimos el respeto por la decencia? 

¿Cómo ocurrió? La palabra misma parece venir de otro tiempo, de un tiempo cuando la honradez, la dignidad y el honor eran importantes y la gente regía su vida por tales principios.

México necesita políticos decentes, reporteros decentes, contadores decentes, padres de familia decentes, jóvenes y adultos decentes, maestros decentes. En fin, nos urge volver a ser gente decente, hoy somos padres y abuelos de nuevas generaciones que necesitan que rescatemos este concepto. No son los militares ni los políticos ni los caudillos quienes van a rescatar a México. Seremos los millones y millones de gente comprometidos con ser decentes.
Vayamos a casa, seamos gente decente.
Si quieren ver el discurso de la película, lo pueden ver aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=si55h9-MP_4&feature=related

martes, 15 de enero de 2013

¿Realidad?

No hay hechos, sólo interpretaciones 
Nietzsche 


No es extraño escuchar consejos como "tienes que enfrentar la realidad, aceptar los hechos".  Sin duda consejo válido, sin embargo me pregunto, ¿cuál realidad?

Como terapeuta, uno de mis primeros objetivos es entender a la otra persona.  Esto va más allá de simplemente entender su punto de vista.  Se trata de realmente conocer la forma de pensar, más aún, habitar la realidad en que vive la persona(s) frente a mi.  ¿Suena raro? ¿Qué acaso no vivimos todos en la misma realidad?  Por supuesto que no.

Mucho escuchamos que nosotros creamos la realidad (el poder de las afirmaciones positivas, la popularidad de visualizar resultados, de manifestar nuestros pensamientos, son ejemplos de esta idea).  Algunos un poco más sofisticados nos dicen que somos co-creadores de la realidad (es decir, que tenemos los poderes de manifestación antes dichos, pero que la realidad no depende sólo de nosotros, sino que es creada en conjunto).  Hasta cierto punto concuerdo con estas ideas.  Sin embargo, hay otro nivel en el que la cada uno crea su propia realidad.  

Nos demos cuenta o no, cada uno de nosotros "vive" en un mundo diferente.  Un mundo creado por nuestras propias ideas, creencias sobre lo que es y no es la realidad, miedos, etc.  El conjunto de esas creencias, principios, etc. conforman nuestra realidad.  Campoamor tenía razón: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.  Es por eso que cada uno de nosotros puede tener una opinión distinta sobre básicamente cualquier tema.  Salvo muy pocos, cada uno de nosotros creemos que nuestra opinión es "la" verdad, por ello en ocasiones nos puede costar mucho trabajo que otra persona pueda encontrar atractivo(a) a alguien que a nosotros no nos lo parece, o que les desagrade cierto algo que nosotros opinamos es formidable o viceversa.  

Es por ello que un paso importante en cualquier relación es aceptar respetuosamente que la otra persona vive en una realidad distinta de la mía, tal vez podamos encontrar coincidencias, mismas que nos permiten conectar, pero cada vez que hablamos con otra persona, nos encontramos literalmente ante el encuentro de dos universos, de dos realidades.  Tener esto en mente puede hacer de cualquier relación una aventura. En lugar de tratar de hacerte cambiar de opinión y "demostrar" que tu estas mal y yo bien y convertirte en mi clon (algo que pasa mucho en parejas, las llamadas "luchas de poder" son precisamente esto), cada interacción se puede volver una oportunidad semejante a explorar un nuevo territorio o (la comparación no es exagerada) un nuevo universo.  ¿No les parece emocionante?  

Claro que esto, como casi siempre ocurre, crea más preguntas de las que resuelve.  Si cada quien vive en su propio mundo, ¿existe la realidad? ¿Qué es y como la diferenciamos de nuestras opiniones o creencias?

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...