Tristemente suena familiar. Sólo basta escuchar las noticias, la realidad parece sacada de una novela (no me queda claro si una comedia o una tragedia o ambas). Se ha perdido la confianza en la ley. Es un circo y es una tragedia cuando un país pierde la confianza en sus instituciones. ¿Qué nos queda entonces? Cuando la situación es tal, lo único a lo que nos queda apelar es precisamente a la decencia. La decencia de cada uno de nosotros como seres humanos, como padres, hijos, hermanos y hermanas. Comportarnos decentemente, con los demás y en nuestras acciones. Cosas tan sencillas como no tomar lo que no nos pertenece, respetar nuestro lugar en la fila, ser un ejemplo, no pensando en los demás sino en nosotros mismos ¿Estamos siendo el tipo de personas que queremos/podemos ser? ¿Qué pasaría si todos actuaran de la misma manera? ¿Nos gustaría?
No estamos buscando mártires ni héroes ni caudillos, simplemente gente decente. Todos, si nos detenemos a escuchar un momento llevamos dentro una voz que nos indica si algo es decente o no (que es distinto que “bueno” o “malo”). Decencia amigos, eso es todo lo que necesitamos hacer. ¿En que momento perdimos el respeto por la decencia?
¿Cómo ocurrió? La palabra misma parece venir de otro tiempo, de un tiempo cuando la honradez, la dignidad y el honor eran importantes y la gente regía su vida por tales principios.
México necesita políticos decentes, reporteros decentes, contadores decentes, padres de familia decentes, jóvenes y adultos decentes, maestros decentes. En fin, nos urge volver a ser gente decente, hoy somos padres y abuelos de nuevas generaciones que necesitan que rescatemos este concepto. No son los militares ni los políticos ni los caudillos quienes van a rescatar a México. Seremos los millones y millones de gente comprometidos con ser decentes.
Vayamos a casa, seamos gente decente.
Si quieren ver el discurso de la película, lo pueden ver aquí:
http://www.youtube.com/
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