martes, 5 de febrero de 2013

Let the sunshine... out!


Dios no es estático sino en constante transformación. Sin nuestra participación, Dios está incompleto, fragmentado. Depende de nosotros actualizar el potencial divino en el mundo. Dios nos necesita. 
Daniel C. Matt

He estado pensando en el concepto de Tikkum Olam derivado del misticismo Judío.

Según la Cábala (aclaro que no soy ningún experto en la materia) al crear al mundo, de Dios emanó un rayo de luz divina que debía ser contenido en una serie de recipientes  (digamos copas) que representan el mundo material.  Sin embargo la infinita luz divina era tal que hizo añicos las copas finitas que le debían contener (representando la  idea de que toda creación requiere del rompimiento del orden pre-existente). Al romperse las copas, casi toda la luz volvió a su origen; sin embargo, algunas chispas quedaron atrapadas en los fragmentos de copa rotos, es decir en nuestro mundo material, donde esperan ser liberadas.  En tanto estas chispas de luz divina no vuelvan a su origen, el mundo se encuentra fragmentado (una explicación metafórica de por qué el mundo está como esta!)

Cada uno de nosotros tiene la misión de sanarse a sí mismo y sanar al mundo. Es este el único propósito de nuestra existencia.  Nuestro trabajo consiste en convertirnos, y ayudar a transformar toda la creación, en un recipiente suficientemente espacioso y transparente para contener la luz y el amor de Dios.  Es decir, reparar o reunir (recordemos el origen de la palabra re-ligión como re-unión) las partes fragmentadas de la totalidad para que la luz de la verdad vuelva a brillar en el mundo.  De ahí las palabras citadas arriba, Dios cuenta con nosotros para completar la creación.  Somos, como se ha sugerido, los ojos, manos y boca del creador, con la capacidad de llevar a cabo acciones divinas, si así lo elegimos.  La luz de Dios vive en nosotros, si tan sólo la dejamos brillar.

Por otra parte... puedo estar totalmente equivocado.


viernes, 1 de febrero de 2013

Muy agradecido.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
Violeta Parra

Desde niño me enseñaron lo importante de ser agradecido.  Recuerdo una vez que viajé de intercambio me insistieron hasta que me quedó grabado lo importante de decir "por favor" y "gracias".  De unos años para acá, se ha puesto de moda también expresar gratitud.  La práctica de expresar gratitud (es decir, dar las gracias) por lo que tenemos se ha convertido casi en uno de los pilares de la llamada "nueva era" junto con la idea de visualizaciones y afirmaciones.  ¿Cómo no estar de acuerdo con ello?  Apreciar lo que tenemos y recibimos, es sin duda una práctica saludable que nos ayuda a no caer en las garras del pesimismo o la preocupación excesiva. 

Cuando uno da las gracias empieza por lo obvio, la salud, la comida, el techo, etc.  Luego tal vez pasamos a agradecer nuestra familia, amistades, pareja, trabajo... Si tomamos un poco más de tiempo, nos damos cuenta que hay muchas otras cosas que agradecer los sentidos, la educación, nuestras experiencias... en fin, la lista es enorme!  (A veces cuando algún cliente me habla de las cosas que van mal en su día -o su vida- les invito a que, además de ello, piensen en todas las cosas que NO van mal; no para minimizar su dolor, sino para tener una perspectiva más balanceada de su situación).

Además de agradecer por lo que tenemos y recibimos, otra manera de pensar en que agradecer, es dar las gracias por todas las cosas que no recibimos y que NO queremos recibir.  Dar las gracias por no estar enfermo, dar las gracias por no estar desempleado, dar las gracias por... en fin, seguro captan la idea.

Sin embargo hoy tengo en la mente otro tipo de agradecimiento.  Dar gracias a nuestros ancestros por la vida que nos heredaron. Por su historia, por sus esfuerzos, por su sacrificio, por su entusiasmo, por sus risas, por su llanto, por su entrega, por sus errores, por sus decisiones, etc.  ¿Quienes son nuestros ancestros?  Bueno, claramente nuestros padres (2), sus padres (4, nuestros abuelos), sus padres (8, nuestros bisabuelos), sus padres (16, nuestros tatarabuelos), etc., etc.  ¿Donde terminaríamos de dar gracias?! Sólo es necesario pensar un poquito para darnos cuenta que si hubiese faltado solo un eslabón de esa largísima cadena (que sin mucho problema podemos alargar hasta Adán o alguna llanura africana) hoy no estaríamos aquí.  Literalmente podemos decir que se ha requerido una cadena ininterrumpida acontecimientos (por que incluso podríamos ir más atrás de nuestros antepasados directamente humanos, sin los cuales tampoco existiríamos) desde el llamado Big Bang para llegar hasta ti que hoy lees esto.  ¡Imaginate! Todos y cada uno de los acontecimientos, desde la formación de las galaxias, los peces evolucionando para poblar la tierra, los dinosaurios, la aparición del homo sapiens, el descubrimiento de América, el descubrimiento de la electricidad, que tus padres se conocieran, la invención del Internet, etc., etc., etc., todos esos eventos, todas esas experiencias, todas esas coincidencias (si las queremos llamar así) fueron necesarias para que hoy tu y yo podamos estar comunicándonos el día de hoy.  Millones y millones de años conspiraron para este momento.  Mucho más que agradecer que lo que regularmente consideramos.

Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...

Gracias por leer esto!