Daniel C. Matt
He estado pensando en el concepto de Tikkum Olam derivado del misticismo Judío.
Según la Cábala (aclaro que no soy ningún experto en la materia) al crear al mundo, de Dios emanó un rayo de luz divina que debía ser contenido en una serie de recipientes (digamos copas) que representan el mundo material. Sin embargo la infinita luz divina era tal que hizo añicos las copas finitas que le debían contener (representando la idea de que toda creación requiere del rompimiento del orden pre-existente). Al romperse las copas, casi toda la luz volvió a su origen; sin embargo, algunas chispas quedaron atrapadas en los fragmentos de copa rotos, es decir en nuestro mundo material, donde esperan ser liberadas. En tanto estas chispas de luz divina no vuelvan a su origen, el mundo se encuentra fragmentado (una explicación metafórica de por qué el mundo está como esta!)
Cada uno de nosotros tiene la misión de sanarse a sí mismo y sanar al mundo. Es este el único propósito de nuestra existencia. Nuestro trabajo consiste en convertirnos, y ayudar a transformar toda la creación, en un recipiente suficientemente espacioso y transparente para contener la luz y el amor de Dios. Es decir, reparar o reunir (recordemos el origen de la palabra re-ligión como re-unión) las partes fragmentadas de la totalidad para que la luz de la verdad vuelva a brillar en el mundo. De ahí las palabras citadas arriba, Dios cuenta con nosotros para completar la creación. Somos, como se ha sugerido, los ojos, manos y boca del creador, con la capacidad de llevar a cabo acciones divinas, si así lo elegimos. La luz de Dios vive en nosotros, si tan sólo la dejamos brillar.
Por otra parte... puedo estar totalmente equivocado.
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