Cuenta
una historia que una mujer soñó que había muerto y que estaba por confrontar el
juicio que todos vamos a enfrentar al pasar a la otra vida. Se encontró
en un espacio totalmente vacío y obscuro, y una voz, que no era ni masculina ni
femenina, y que no podía ver de dónde venía, le preguntó "¿QUIÉN
ERES?" a lo que ella respondió su nombre. "No te pregunté cómo te
llamas, sino quién eres" a lo que respondió que la madre de tres hijos.
"No te pregunté cuántos hijos tienes sino quién eres".
Licenciada en mercadotecnia, respondió esta vez. "No pregunté
tu profesión, sino quién eres", volvió a responder la voz. Así, cada
respuesta que daba la mujer, era refutada con palabras similares.
Finalmente a la mujer le quedó claro que no sabía la respuesta a lo que
la voz respondió: "Como aún no sabes quién eres, es claro que te queda
trabajo por hacer en la tierra" y sin más, despertó. La mujer pasó
el resto de su vida descubriendo quien era en realidad.
Ya
he escrito antes de Ramana Maharsi y su famosa "fórmula" para
alcanzar la liberación. Simple y llanamente pregúntate "¿quién
soy?" una y otra vez, hasta que encuentres una respuesta que no puedas
rechazar.
Parece
sencillo, pero les invito a intentarlo seriamente, no por un momento, sino
digamos, por una semana. Les voy a ahorrar algo de trabajo.
Obviamente no soy mi cuerpo, pues mi cuerpo puede cambiar sin que
"yo" cambie. Puedo subir de peso, o cortarme el cabello o incluso
perder un brazo o una pierna, sin que ello cambie la esencia de quién soy yo.
¿Hasta aquí estamos de acuerdo?
No
soy tampoco mis creencias, pues mañana podría cambiar de religión o afiliación
política sin que ello necesariamente modifique quien soy.
¿Mi
nacionalidad? ¿Mi profesión? ¿Mi familia? Ya vimos en la historia
de arriba que todo eso describe lo que haces, lo que tienes, donde naciste, lo
que piensas, etc. Pero la pregunta sigue sin respuesta. ¿Tal vez hombre o
mujer? No, eso describe tu género pero no dice absolutamente sobre ti.
¿Ser humano? Lo siento pero tampoco, eso define tal vez tu especie, pero
no expresa ni una palabra sobre quién eres tú.
Claro
que Ramana llegó a una respuesta, y el Buda a otra. Pero más que repetir
sus conclusiones, por que no llegar a las propias. ¿Por qué no redescubrir
(o descubrir por primera vez) realmente quién eres? ¿Qué podría ser más importante que eso?
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