Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente me dijo: Vive,vive, vive!, era la muerte. Jaime Sabines
Dicen que lo único seguro en la vida son la muerte y los impuestos. Claro que incluso en este caso, se trata de hacer una broma con la verdad tal vez más dura de nuestra existencia.
El único hecho innegable, indudable e ineludible es que vamos a morir. Todos, unos antes y otros después, unos jóvenes y otros viejos, unos en agonía y otros sin dolor, pero tu y yo, y todos los que conocemos, vamos a morir. Se dice que el ser humano es el único animal que tiene conciencia de su vida, del paso del tiempo y de su muerte. Una de esas bendiciones-maldiciones de nuestra naturaleza.
Todas las religiones (al menos todas las que conozco) de alguna manera búscan darnos una respuesta a que pasa después de la muerte. Gran obsesión del ser humano. Unas nos dicen que iremos al cielo (o al infierno) donde encontraremos a nuestros seres queridos (gente que ha estado clínicamente muerta por un momento reporta esta experiencia, al final del tunel y la luz brillante). Otras nos hablan de innumerables reencarnaciones, de alcanzar un estado de conciencia tal que nos liberemos de tal ciclo de volver y volver a este "valle de lágrimas", etc. Mediums nos aseguran que morir no duele y que es totalmente seguro. Uno puede elegir creer o no en estas ideas (no las critico ni respaldo, simplemente señalo que creer en ellas es una elección). Pero en realidad nadie sabe el lugar ni la hora, ni lo que sigue después.
Lo que sí sabemos es que sea lo que sea, luego de nuestra muerte esta vida (la de ahorita, en este momento, la única vida que probablemente conoces) se acaba y no hay vuelta atrás. El fin de tu vida significa el fin de tu historia. No más risas, no más preocupaciones, no más atardeceres, no más pleitos con tu pareja, no más límites, ni sueños ni promesas. Lo único claro más allá de toda duda es que cuando se acabó se acabó y lo que siga, bueno o malo, sea lo que sea (o incluso si no sigue nada) es diferente e independiente de lo que ocurre de este lado.
Como decía mi abuelo, ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo? Si sabemos que vamos a morir, si sabemos que lo único seguro es este momento (ni siquiera el día de mañana ni el proximo minuto esta garantizado) ¿por que lo desperdiciamos como si fueramos a vivir para siempre? ¿Por qué nos afanamos en acumular bienes materiales, reconocimientos o lo que sea, si nada de ello nos lo vamos a poder llevar? Sospecho que en gran parte es por que nos las arreglamos para no pesar en nuestra muerte. Nos distraemos con la televisión, con el trabajo, con los hijos, planeando la próxima vacación, preocupándonos por como pagar nuestras deudas o "salir adelante" ¿adelante de qué o quién si nadie puede saltar la raya que marca nuestra propia muerte?
Memento mori, recuerda que vas a morir, reza la frase. No en un intento de aguarnos la fiesta, sino precisamente buscando que, con la conciencia de nuestra muerte, venga (como de hecho ocurre) una pasión y apreciación por nuestra vida. La mejor cura para el miedo a morir es vivir. Hacer las paces con nuestra propia muerte, paradójicamente, es abrazar plenamente la vida.
Pero por otro lado, tal vez estoy totalmente equivocado...
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