¿Alguna vez
te has sentido a punto de estallar? ¿Has
sentido que todo te sale mal y te dan ganas de gritar o golpear a alguien? ¿Por qué no lo haces? ¿Qué te detiene? Esa es
la alternativa que nos presenta la película “Día de Furia” (1993). En ella, conocemos
a Bill Foster, un hombre acorralado por sus circunstancias. Atrapado en un carro sin aire acondicionado en
un embotellamiento, sin trabajo, separado de su hija, etc. Bill no puede más y decide abandonar su carro
en plena autopista para “ir a casa”.
Sin embargo las cosas no van a ser tan sencillas. En su camino se topa con vendedores abusivos,
asaltantes, decisiones arbitrarias, la indolencia de empleados públicos y la
prepotencia de ricos y poderosos.
Suficiente –tal vez– para hacer estallar a cualquiera ¿no?
Mientras más
se va derrumbando el protagonista (el nombre de la película en inglés es
precisamente “Derrumbándose”) peor se ponen las cosas. La violencia va
escalando hasta salir totalmente de control y “pasan el punto donde no hay
vuelta atrás”. Bill ha hecho y dicho cosas cuyas consecuencias no se pueden
ignorar… Es aquí donde la película nos pone frente a un grotesco espejo. ¿Acaso nosotros, en esos momentos de estrés,
no hemos dicho o hecho cosas de las cuales nos arrepentimos después?
En el
proceso de perder el control, Bill repite una y otra vez que lo único que
quiere es ir a casa. De hecho gran parte
de su frustración deriva de los obstáculos en su camino. Pareciera creer que todo se solucionaría sin
tan sólo pudiera llegar a casa. Pero la historia nos deja claro que su casa no
es el lugar donde vive, pues está divorciado y de hecho hay una orden de
restricción en su contra. No, casa no es un lugar sino algo más. ¿Qué
significará para Bill casa?
…y aún más
importante, en esos momentos de estrés, ¿dónde está tu casa?
Bill busca
desesperadamente volver a casa. Para él
(y quizá para nosotros) casa parece ser ese lugar seguro donde todo está bien.
Donde no hay gente agresiva, ni irrespetuosa, ni manipuladora. Casa es tal vez una época pasada cuando todo era
feliz, exactamente antes de que las cosas comenzaran a ir cuesta abajo. O quizá casa es ese momento en el futuro,
cuando las cosas comiencen a salir como queremos. Cuando consiga el aumento, o mi pareja
reconozca mi trabajo, o logre comprar el nuevo iPhone, o me pueda ir de
vacaciones, etc., etc., etc.
¿Dónde está
tu casa? ¿Es algún lugar físico que
puedes visitar? ¿O un lugar mítico en tu memoria (pasado) o tu imaginación
(futuro)? Donde quiera que ubiques tu
casa, espero de todo corazón puedas llegar a ella algún día.
Pero ¿qué
tal si te dijera que existe una alternativa?
En lugar de buscar (y en ocasiones alcanzar momentáneamente) esa escurridiza
casa ¿no sería mucho mejor tener acceso a ese espacio seguro en cualquier lugar
y en cualquier momento? Me atrevo a
imaginar que tu respuesta (como la mía) es sí.
La buena
noticia es que es posible y no sólo eso, en este mismo momento tienes acceso a
ese lugar. De hecho TODOS tenemos acceso
a ese lugar ahora mismo. Todos conocemos el camino, pero tal vez lo has
olvidado.
Hay muchas
maneras de volver a casa. Una de ellas, tal vez la más sencilla, es mediante tu
respiración. Poniendo atención plena –sin
juzgar– a nuestra respiración, y luego a todo lo que nos rodea, podemos
redescubrir en nuestro interior ese lugar que tanto hemos buscado. Ese lugar donde nadie puede hacernos daño,
donde estamos seguros, donde no soplan tormentas y hay paz.
Te invito
a conocer más sobre la atención plena y como nos ayuda a mejorar nuestra
capacidad de trabajar, amar y a vivir vidas más plenas.
Los días
11 y 12 de septiembre habrá un taller sobre atención plena (mindfulness) en
Querétaro. Para mayor información, no
dudes en contactarme a: sergio@purna.org.mx
Sergio Rodríguez
Psicoterapeuta, especialista en relaciones,
crecimiento e integración.
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